Me muevo al margen...

Aquí, en el margen, en el margen del canon, no hay reglas que cumplir, ni jueces que complacer, ni halagos que buscar, ni aplausos que dar con el hígado irritado...aquí, en el margen, en el margen del canon, sólo puedo hacer lo que me da la gana...

domingo, 16 de julio de 2017

Un poema de mi libro Confesiones de un poeta en una ciudad que odia

Un terrorista anda suelto

Más bien
Está atrincherado
Detrás de un bolígrafo rojo
Y una libreta de calificaciones
¡Los azotes del terror!

En el aula de clases
Cuarenta infantes lo sufren
Camina satánico por los pasillos de la escuela
Y se ufana y de verdad se alegra
Al ver como corren los estudiantes
Buscando refugio del fuste de su boca
¡Tienes fuga de la clase!
¡Voy a citar a tu acudiente!
¡Ya verás quien ríe al último!

Él es la piedra
Los estudiantes el huevo
Un terrorista está atrincherado
Detrás de un examen bimestral
Y aunque en su casa
No sea más que un sometido
Sonríe con muchas ganas
Cuando camina hacia la escuela

domingo, 9 de julio de 2017

¡Fútbol callejero!

¡Fútbol callejero!
Un balón que salta
Dos porterías que aguardan
Y diez pares de piernas
Corren tras el gol

¡Fútbol de calle pavimentada!
Repleta de autos salvajes
Sedientos de atropellos
De fracturar
Algunos huesos

¡Benditos los baches!
Por ellos
Los conductores de bocas maldicientes
Tienen que frenar
¡Que bueno que los amortiguadores sean tan caros!

¡Fútbol de calle expedita a la desgracia!
De barrio sin campo de juego
De mentadas de madre que van y vienen

Joaquín juega al fútbol
Alerta al balón

Y más alerta a la embestida de un carro bestial

domingo, 11 de junio de 2017

Joaquín nació

Joaquín nació
En una ciudad
Que parece odiarlo

En esa urbe
Quien lo educa
Es el fracaso
Quien lo entretiene
Es el pánico
Y quien lo quiere
Lo quiere
Tranquilito y estúpido
Frente al televisor

¡Todo tiempo pasado fue mejor!
¡Nada por venir será agradable!
Así piensan los adultos
Que le toca sufrir

Así piensan los adultos
De la ciudad donde le tocó vivir
Una metrópoli
Que no sólo parece odiarlo
Una metrópoli

Que en verdad lo odia

domingo, 28 de mayo de 2017

Su nombre es Joaquín

Su nombre es Joaquín
Y vive en los suburbios
De una ciudad que no lo quiere

Su nombre es Joaquín
Y camina receloso
Entre las esquinas de sombras
Y los colores de un semáforo

Su nombre es Joaquín
Y a veces se divierte
Poniendo a pelear a las hormigas
O tirándole piedras
A ese árbol de mangos

Su nombre es Joaquín
Y no conoce  el significado
De la palabra pedofilia
Le suena a dolor en las tripas
Pero sí sabe
Que de acercarse mucho al viejo de la panza gris
Será acariciado entre las piernas
Y eso
No le gusta 

domingo, 14 de mayo de 2017

Hoy no quiero cantarte mis metáforas

Hoy no quiero cantarte mis metáforas
Se me antojan patéticas
Repletas de caries y arrugadas

No quiero que escuches mi poética
Es sólo un discurso
Y fue concebido en el silencio del cómplice
En la soledad del descomprometido
Lejos de la belleza de un corazón que late
De dos pulmones que inhalan y exhalan
De un hígado que se estruja con cada desengaño

Hoy no quiero que me veas
Como ese poeta encerrado tras los barrotes de una pose
Deseo que mires a un hombre
Que dejó de contemplarse el ombligo
Que levantó la vista
Que se abrió el alma
Que conoció a un niño
Huérfano de un padre vivo
Que vive
En alguna parte del país
Criado por una madre
Que es madre
En alguna parte de su ser

domingo, 19 de marzo de 2017

ADVERTENCIA

Esto es una advertencia, tramposa, tardía:
            Oír, leer, pensar, oler, gustar, percibir, masticar, lamer, acercar, frecuentar, tocar, fraternizar, interesar, examinar, curiosear, probar, avistar, cavilar, rozar, adosar, repetir, manosear, armonizar, concernir o hurgar estas... ¿Canciones? ¿Historias?...No, maldiciones. Puede ser peligroso.
            Más cuando ante el abismo se respira el aire pesado de un hijo en adiós y la garganta se parte en dieciocho con el grito: ¡Ningún muchacho debería partir antes que su padre! Más cuando hay que nadar hasta el final y sin estar preparado y nunca se está preparado. Esas maldiciones pueden ser peligrosas. Más cuando se busca la serenidad de los mares picados.
            Ellas, las maldiciones, abordaron mi dolor. Ahora estoy enfermo. Tengo fiebres gozosas, supuraciones risueñas, tos danzarina. Ya no me preocupa ganar la lotería, ya no me importan mis condenas. Hoy, en mi delirio, hasta sonreí a un atardecer repleto de franquezas.
            Ellas me enfermaron y escuché el grito de la aurora: ¡Maldita sea el agua estancada! ¡Maldito el viento frenado! Y alucinado hasta creo que se puede ser un héroe y trepar al techo y tapar las goteras.

Ellas me enfermaron y no sé que hacer. Supongo que con la fiebre dejará de preocuparme el uso correcto del tenedor de ensaladas y comeré más ensaladas. Ya me advirtieron que así se comportan los enfermos de maldiciones. Y yo estoy enfermo y no sé que hacer. Supongo que con el tiempo, mi tiempo, ese tiempo, aprenderé a maldecir, eso es lo que supongo.

domingo, 18 de diciembre de 2016

EL GENIO Y EL OTRO ALADINO

Hay una historia, hasta ahora, no escrita; por lo tanto, poco conocida. La del otro Aladino. Sí. Hubo otro Aladino. Uno que caminaba las calles por no volar en alfombras ajenas. Aquel que quiso regresar la lámpara y por querer regresarla limpia, la frotó hasta abrillantarla. Ya había liberado al genio de su encierro, sin embargo él seguía lustrando la farola. Tan abstraído estaba que no restó atención al famoso discurso, ese de amo estoy a tus servicios, he de concederte todos tus deseos, bla bla, bla. Aladino, el otro, parecía más preocupado por completar la labor comenzada. El genio, después de unos minutos de ser ignorado, se impacientó y preguntó con imperiosa voz: -¿Qué deseas?.

            El otro Aladino levantó sus ojos y poco se admiró con los vestidos del majestuoso elfo. Vio un sesgo despectivo en su mirada que no le agradó para nada. He dicho que deseas-insistió, casi gritando, el mágico ser. El Aladino de las sandalias gastadas le contestó que por lo pronto no deseaba nada y puso mayor ahínco en el movimiento del paño sobre la superficie del quinqué. Así estuvo por lo menos un par de minutos, hasta que finalizó. Una vena comenzó a inflarse en la frente del genio.
¿Acaso deseas un palacio repleto de joyas? Cada baldosa sería del más fino mármol. Cada acabado de oro y marfil. No habría mueble que no fuese de sándalo y caoba. Sus jardines abundarían en flores y topacios-inquirió el antiguo habitante de la lámpara. El otro Aladino, arqueó por un instante la ceja izquierda, se llevó el índice de la mano derecha hasta sus trompudos labios, y finalmente le dijo a su interlocutor que mejor no. Que eso de dedicar el resto de su vida a velar por el brillo de una casa tan bella y de tantas alhajas no le era para nada atractivo. Y ni casa ni joyas tendrían gracia si alguien no se dedicase de lleno a cuidar su fulgor. Abrillantó la lámpara sólo para no regresarla opaca a su dueño.  Podrías dedicarte a abrillantar diamantes y esmeraldas y luego regalarlos a tus familiares y amigos-le sugirió el genio. Aladino, el del turbante viejo, reaccionó de un saltó preguntándole al genio sobre que clase de amigo sería él, si por culpa de esos regalos sus familiares y amigos perdieran el amor al trabajo.
Después de un largo suspiro el genio preguntó: ¿Quieres ser dueño de mucha tierra y mucho ganado? Tendrías los más finos corceles. Las vacas y cerdos más gordos. Las ovejas con la más delicada lana. Las aves de corral de más rápido crecimiento. Muchas hectáreas sembradas con las más frescas legumbres y muchas más hectáreas cubiertas por las sombras de los más productivos árboles frutales. Nuestro Aladino le contestó que apenas tenía tiempo y ganas para atender una docena de sábilas que crecían en su patio trasero.           Podrías darle trabajo a tus amigos- sugirió tentador el majestuoso cumple deseos. Al Aladino de las manos callosas no le pareció mala la idea. Pero al final desistió, pues tendría que preguntarse si sus amigos y familiares seguían siendo sus amigos y familiares o se convertirían en sus empleados. La respuesta lo asustaba.
¿Quieres que te consiga la mujer de tus sueños?-golpe bajo de parte del genio. Aladino, el otro, apenas pudo confesar que aquella a la cual dedicó muchas horas de ilusión, al final, decidió ilusionar a otro. Y él respetaba tal opción. El genio insistió: Te inventaría una mujer de acuerdo a tus gustos y deseos. El otro Aladino no disimuló su ira y le espetó al mago que se imaginara lo amargo que sería vivir con una mujer sabiendo que toda la felicidad no era más que fruto, no del amor, sino de un hechizo. El genio enojado, con la vena de la frente a punto de estallar, se transformó en ogro y lanzó esta amenaza: O le pedían un deseo o a alguien le iría mal. Muy mal. El otro Aladino, dadas así las cosas, sólo se le ocurrió ordenarle que entregase la lámpara a su dueño. Pero el dueño de la lámpara es quien tiene la lámpara- replicó el genio. Bueno, ahora tú la tienes, le dijo el otro Aladino. Y así muy ufano se marchó. Y la cara del genio angustiado se alargó, se alargó y se alargó.