Me muevo al margen...

Aquí, en el margen, en el margen del canon, no hay reglas que cumplir, ni jueces que complacer, ni halagos que buscar, ni aplausos que dar con el hígado irritado...aquí, en el margen, en el margen del canon, sólo puedo hacer lo que me da la gana...

domingo, 7 de agosto de 2016

DECÁLOGO

DECÁLOGO SISTÉMICO, SISTEMÁTICO E INCOMPLETO POR LA AUSENCIA DE NUEVE PUNTOS, DONDE, A PESAR DEL DESENMASCARAMIENTO DE HISTRIÓN, SE HACE REFERENCIA A CÓMO ADQUIRIR, DE MANERA EXPEDITA Y SIN TRAUMAS, LOS HÁBITOS Y ACTITUDES, CONVENIENTES Y NECESARIOS, PARA LOGRAR QUE EL UNIVERSO ENTERO CONSPIRE A FAVOR DE LA PROPIA FELICIDAD

 


1-¡Prohibido rendirse!




domingo, 31 de julio de 2016

TU, LA MERLUZA

Nunca hubo origen. Tú siempre fuiste el pez sin pan de los encomios, aquel que responde con himnos el llamado del profeta. Eres amigo de la aurora y mal vecino del  engaño. En tu presencia tiritan las quijadas dinosaurias, temen el fulgor del asteroide y construyen la tenebrosa muralla. Sin embargo, no hay dique que frene tu río. Más les valdría ataviarse de escamas y remontar a nado el piélago.
Tú, mujer de la palabra, eres la merluza de escamas y pétalos; la que no mordió el anzuelo de jade y artificios. Tus aletas, las gasas de anhelos turquesas, vencen al hipocampo abusivo y de sombra corsaria. Cuando el negro caballo de mar afrenta la playa, merluza maravillosa, saltas el broquel de medusas y conquistas la espuma y los vientos.
El viento caribe, tu aliado indiscutible, resiste los belfos y las patrañas; le basta un soplo y viene el adiós de los cupones y las ofertas. La rauda vela de mi nave se infla en oriente y el horizonte se acerca a la proa. Viajo con los himnos que te he aprendido, y con las ganas de alcanzar el puerto donde aguarda el profeta. Y eres tú quien marca la ruta. 
Un atolón de óxidos quebranta la ruta ¿Puede la herrumbre pervertir el topacio? Los  nubarrones de polvo ferroso lo pretenden. Y el chubasco reta al valiente y tus saltos alcanzan el nimbo y tu espada hiere la pared y la vela rauda atraviesa la distancia. La voz regurgita la traición. Un mástil rompió el himen y danza preñado un horizonte.
Y en el mar florecieron las horas y tu cola fracturó un continente. Un perfil de manchas acostumbra acosarte, las barracudas homicidas escoltan al corcel marino de las vejaciones. Pero eso te tiene sin cuidado. Lo tuyo es volar sobre la espuma y escribir un verso, el verso, en el añil del océano. ¡Oh cangrejo dónde tu victoria!
La búsqueda de la voz es la consigna. Y tres de tus aletas señalan la ruta y con cuatro escamas tuyas se construye un puerto y cinco aletazos rompen las redes. ¡La voz de las búsquedas salió de la gruta! Y vuela sobre las olas y va más allá de la costa y la constancia es su signo. Esta voz no es intento frívolo. Es anuncio y es profecía. Consagración de verbo y vino. Breve melodía de las sugerencias. Es la voz que tu liberaste.
Un verbo nos fue anunciado. Esa palabra ya viene. Ya fue encontrada y cabalga sobre tus lomos. La profecía brotó de los salitres.

domingo, 5 de junio de 2016

TÚ, EL FRÍVOLO

         
¡Qué frívolo es tu intento, poeta, de silabar el destino! Las letras se truecan en feroces lechuzas y las vocales saltan los techos de ficción y las consonantes olvidan las torres bribonas. Pero una docena de sofismas, vanidosos y encerrados en tu palabra, te anclan a la plaza de pirotecnias ¿Cómo podrás deletrear futuro con alas tan frágiles?

            No te fíes de Ícaro, el aguilucho impetuoso y cubierto de quimeras. Sus alas de cera jamás fueron carne y pagó muy caro su desafío. Bien pudo escuchar a Dédalo y comprender que parafina no se escribe en clave de Sol. Bien pudo permitirse sentir los hervores del océano y evitarse la temprana sepultura.

            Sin embargo más pudo la audacia de sospecharse el amo del cielo y el engaño quebró sus alas ¿Acaso suspiras por la entraña del abismo? ¿Quieres unirte a los corales y vestirte de anémonas? ¿Imitar el vuelo imperfecto de Ícaro? ¿Terminar de la mano con Narciso?
            El mancebo del desdén y los rechazos también es mala compañía. Tarde o temprano queda cubierto por una cobija de agua. Y es inútil el reloj antiguo de la amante. Y de nuevo se te escaparán las palabras. A ti no te tocará ver la flor, sino el cadáver del hijo de Liríope. Un calambre en el hocico del estómago y tu digestión será asesinada ¿Aún insistes en adornar tu frente con la vanagloria del ahogado?
            La traición de los espejos alcanzó al hermoso y Cefiso, el torrente custodio de Atenas, aún se pregunta: ¿Cómo un hijo de mis aguas pudo morir de una sumergida? La pregunta no es el cómo es el por qué. Narciso prefirió el propio fulgor a los meandros de Eco. Se alejó de la tibia acaricia y se acercó al estrujo glacial. No fue la ninfa quien enterneció las médulas del tesoro imposible, fue su propio reflejo. ¡Qué cruel es la paradoja!
            Los dilemas siempre sobran: Bregar por un retrato en la fuente o construir un bajel. Perder de vista el hemisferio o pintar los dedos del horizonte. Cantar el himno del sol o vestirse de humedades.
            Ícaro y Narciso, las sendas tentadoras y equivocadas ¿Quieres vestir tu verbo de cerrazón salpicada de batracios? ¿Plagiarlos y dejar pudrir las raíces? ¿Acaso los secoyas y las palabras dejaron de tenerlas?
            No es la filigrana, es lo profundo. Tu voz sin búsqueda es una agudeza de moda que pierde la cintura. Tu voz sin propuesta es el encanto asfixiado y convertido en lodo. Una pose más y serás uno de los tres mil aplastados por Sansón.
            Con trescientas zorras incendio los trigales del enemigo y una quijada de asno le bastó para liquidar a más de mil. Los filisteos pronto reaccionaron a la amenaza. Dalila y sus preguntas casi matan de hastío al héroe y con tal de callarla el fornido se rindió a sus deseos: Confesó su secreto. Mil cien monedas de plata por cada jefe cobró la intrigante. Y ni uno sólo pudo recordar en la justeza del tiempo recortar los cabellos del prisionero.
            Desde el valle de Sorec vino la perdición del nazareo y en el templo de Dagón él pudo desquitarse. Acostados en los laureles de la burla, ellos celebraban la victoria. Un descuido y el peso de las rocas cobró muy alto la indolencia de los rivales del juez.
            Murió Sansón junto al filisteo olvidadizo. Aquel que llenó al héroe de cadenas sin afilar la navaja Aquel que esperó la ruina sin fijarse en la melena ¿Eres tú uno de ellos?
            De repente sí eres uno de ellos. Uno como el genio que despierta cada mañana y descubre un viejo ángulo del prisma y salta de alegría y corre a predicar. ¡Un nuevo credo ha nacido! ¡Vida se escribe con uve de vaca! Y con la prédica crece la feligresía. Otro santo es elevado a los altares. Y resulta que un anciano ya conoce la perorata y un niño canturrea desde el jardín de infancia que vida es con uve de vaca y una mujer se olfatea el negocio oculto. Sin embargo, todos guardan silencio.
            Por suerte nunca falta el exiliado de los tabernáculos, el orate y su pregunta: ¿No era vida con eme de pasión? Y la pregunta es un escándalo Y después del rechinar de dientes, ¿Cubrirá el genio sus oídos con las ásperas manos? Quizás sí lo haga. Quizás vigilará con ojos de Saulo las ropas de Esteban.
            Esteban era el crío de la luz, la voz de cincel. No perdonó los rancios tímpanos y fue el primero en la sangre ¿Qué molestó tanto a los maestros de la Ley? ¿La radiante palabra escuchada? ¿El manantial en labios tan jóvenes? ¿Su propia boca sellada?
            Primero fue el soborno, luego el perjurio, por último las piedras. Sólo faltó la rifa del vestido. Las bestias tomaron las carnes de Esteban y Saulo miró complaciente.
            ¡Qué frívolos son todos tus intentos! ¿Quién eres? ¿Esteban o Saulo? ¿Tímpano rancio o verbo atrevido? ¿Qué buscas? ¿La palabra radiante o el pan de los encomios?
            Poeta, una vez marcaste con verbo ardiente la blancura del papel. Cimbraste por un verano los pechos ingenuos o terribles ¿Pero acaso las huellas del estío no las borra el otoño? ¡Qué frívolo es tu intento de cantar la profecía! Un efímero aplauso cruza las nubes, pero una pila de cráneos pretende alcanzar la cola del cometa. El lienzo quedó manchado.
          Todas tus pretensiones valen un aleteo de mosca. Olvidas adrede que el mausoleo es el árbol crustáceo siempre a la mano. Ni el más grande ni los más valientes escaparon de sus tenazas. Heracles falleció por la sangre del centauro. Leonidas y sus trescientos cayeron en las Termópilas. ¿Tendrá ya el cangrejo tu guarida preparada?

domingo, 22 de mayo de 2016

LA VENTANA

Una de estas noches cargaré diez mil ladrillos y sellaré para siempre la ventana. Ya no me serán suficientes las cortinas de lino. Ellas, sin mayor esfuerzo, se pueden correr. Así que buscaré los bloques. Quizás como sin querer, tal vez perdiendo adrede la cuenta, pero sé que sólo así no abriré más la ventana y ya no podré asomarme más en ella.
Deseo olvidar la cabalgata del corcel de sombras y la campana de los cascos de la sangre. ¿Quién no huye del espanto? ¿Del tintineo diabólico?
A la mala me enteré del por qué, después de su paso, no crece la hierba. Vi a la medrosa salamandra ocultarse entre la humillación de los musgos. Las esporas del agobio explotan en el jardín. Buen incentivo para encerrarse tras las paredes. Sin embargo, una cosa es observar al batracio desde el hogar y otra es huir del equino hasta la cárcel. Exquisito dilema: O la amargura que ruge o las flores del hibisco.
Alguna vez me he decidido y uno a uno comienzo el transporte de los ladrillos. Nunca falta un relincho malvado para alentarme. Empero, una noche no basta para tanto tabique. Las horas pasan y pronto la oscuridad es vencida. Cien falanges rosadas despejan el horizonte. El corcel de sombras huye hasta otras latitudes. Es la aurora quien marcha triunfante. Bandadas de gorriones anuncian su llegada. Ya no hay campana de sangre, sólo rocío en cristales.
Abandono los ladrillos y vuelvo asomarme por la ventana. La aurora y sus lienzos acarician la pradera y veo a la salamandra salir de la humillación de los musgos y escucho crecer la hierba. Posiblemente, una noche de estas, regresen los relinchos de la sangre y mis ganas de tapiar la ventana. Pero ya es de día y hoy no lo haré.

domingo, 15 de mayo de 2016

INTERROGACIONES

¿Habrá algo que le importe al poeta? ¿Habrá algo? 
            ¿Le importará que los pobres ya no existan pues ya no los cuentan en los censos? ¿Que los niños sean desechos industriales? ¿Que ser joven es un evento peligroso? ¿Que llegar a viejo parece un castigo? ¿Le importará que una mujer, por el mismo salario, sea secretaria, ama de casa y meretriz?
¿Le importará que el horizonte se convirtiera en el club exclusivo de los incluidos y que el suelo es la única cofradía que incluye a los excluidos? ¿Que los parias inunden de miserias los parques? ¿Que un olor a excreta empantane el sendero? ¿Le importará que el sol se refleje en muy pocas sonrisas?
¿Le importará que un caminante reniegue de la luz? ¿Que prefiera finalizar el viaje? ¿Que se convierta en espejo conquistado? ¿Que se esconda en el ropero de las investiduras? ¿Que a partir de ese minuto final adore el triunfo de los ídolos sobre la sangre libre? ¿Le importará que ese caminante olvide ser hombre?
            ¿Habrá algo que le importe?
            ¿Le importará el valor que pueda darle a una orquídea un gigantesco y mofletudo contador de pollos? ¿El valor en pechugas que dará por la lluvia? ¿O los muslos que ofrecerá por una mariposa? ¿O las alas grasosas que pondrá en la balanza por un arco iris? ¿Le importará cuanta carne de pollo, húmeda y llena de hormonas, ofrezca el ogro por el niño que vende tomates bajo la luz del semáforo?
            ¿Le importará lo bello de las primeras lluvias con su olor a polvo asustado y el Sol desmayado en brazos del ocaso? ¿Una hoja cual barquito navegando sobre una corriente y el viento enardecido levantando papalotes? ¿Un talingo azabache picoteando en su jardín y los colores del ave del paraíso que sus ojos no conocen? ¿Le importará la piedra azul del riachuelo y la hiedra que cubre el muro?
            ¿Le importará que la gaviota quiera atrapar al pez que salta entre la espuma? ¿Que vuele sobre las olas? ¿Que aviste la anhelada presa y tras caída libre y letal hinque su pico en la blanca carne? ¿Le importará que el pez, desde el otro abismo, no quiera perdonar a la gaviota?
            ¿Habrá algo que le importe?
¿Le importará que un niño sin papá ni lonchera ni zapatos de fútbol habite una casa donde llueve por igual afuera y adentro? ¿Que después de tantos años de sudores y denuedos el final sea un cartón en la acera abrazando la soledad? ¿Le importará que preocuparse ya pasó de moda?
            ¿Le importará romper su voz en playas indiferentes? ¿Verter sangre en opaco tintero y lavar con lágrimas la carta sin respuesta? ¿Cantar a oídos de poliuretano? ¿Buscar la palabra como única y olvidada raíz? ¿Ensuciar sus sandalias y salir de su cómoda habitación? ¿Le importará convertir en música los signos de interrogación y despertar inquietudes con cada hoja escrita?
            ¿Habrá algo que le importe al poeta? ¿Habrá algo?
            Y si hay algo qué le importe, ¿qué le importará más? ¿La semántica de la palabra llanto o el dolor del que nacen las lágrimas?

domingo, 8 de mayo de 2016

POEMA DEDICADO A UN VALLE QUE SUEÑA

Sueña este valle lejos del saludo y más lejos del abrazo. Sueña con el torrente que ya no está, con las antiguas crecidas y con el murmullo de sus rápidos; ahora, el cauce seco de su amado río es la cicatriz sin lluvias donde la semilla jamás germinó. El azafrán se quedó sin estambres Y el valle prefiere no despertar.
            Si tan sólo fuesen las ilusiones de la espera; hay también un asalto de congojas. Con cada minuto que pasa crece la invasión de la sequía y el agrio rencor arruina la tierra. Es la pesadilla del triunfo de la ausencia. El valle perseguido por desiertos y  hostigado por delirios. Con cada huella del sol el rocío huye asustado
En alguna ocasión la rueca del tiempo torció la vereda. Antes siempre estuvo el río en su lecho con su canto de murmullos, era el espejo de pertinaz claridad. Pero las Parcas tejieron otro destino. Y ya la corriente no adorna el huerto. No hay canela que irrigue las euforias. Es que llegó el estiaje, se marchó la humedad. Un tifón de sequedades arrastró el río y el capullo de la orquídea languideció en su tallo.
     La ausencia es un hielo iracundo, es la granizada de la destrucción. No hay cáliz que resista su golpe. La soledad es la sequía grande, una herida yerma en el suelo y la feroz sed de los dromedarios. Simplemente el valle fue verde. Hoy lejos del riacho, el valle vive inundado de flagelos y cardos, bajo el agobio de la separación. Y sueña con  los bosques de la memoria y los olores del mantillo que asaltaban las narices. Sueño tras sueño, recuerdo tras recuerdo, gota tras gota, la peña será vencida. Tanto va el cántaro al eco del río que quiebra la arcilla solitaria. Una añoranza en clausura es cincel y martillo.
            Pero la roca es granito puro. El valle huérfano y sordo a la canción del verde de las cañas; es víctima del nocturno destierro. En la boca un sabor perdido En la mente dos pesadillas ¡Adiós a la tranquilidad de la noche!
     Para detener el suplicio, el valle abrazó el vientre de una quimera y aunque ya no hay flores, sólo rastrojos, prefirió soñar que el río asaltaba la hierba seca y que pronto brotarían las margaritas. Los cardos ríen del consuelo iluso del valle. Su regocijo es la pesadilla de unas sequedades creciendo.
Los flagelos llenos de abismos azotan la orilla de los pétalos y cae un pistilo de la flor ¿Recordarán los dueños del olvido? Ojalá así sea y se pueda llamar a la lluvia, y regrese el río a su cauce y por fin renazca la crecida.
Encendidas las angustias quizás el valle se llene de arenas, de las dunas oportunistas, de los planos y estaciones. Las orquídeas se bifurcan, buscan petroglifos que hablen de humedades. Así tal vez la lluvia escuche la súplica y germine la semilla.
¿Aún el mantillo resguardará los olores del bosque? ¿Flotarán los aromas sin ruta fija entre galaxias de animales? Ya no hay minutero en silencio; un pícaro tic tac aprendió a cantar y la melodía vuela entre libélulas. Las hiedras conquistan los muros Seis ramas de albahaca en suspiro El colibrí agita el color ¿O es la guerra de las esperas?
            Los cardos sospechando la derrota aceptaron incendiarse, en último intento de borrar el frescor del valle. Con lenguas y espinas, con ansias y mareos, anhelan la tierra fértil Conquistarla a punta de cenizas, quemar los musgos sedientos Y desenterrar la capilla. Y repeler el diluvio
            En el trillo que crea el fuego la luz de las sombras recoge garabatos. Huele a dolor y añoranza. Unos pétalos amarillos aparecen en la muralla. Prófugas hormigas anuncian el peligro ¡Qué indefenso el valle de margaritas!

            El incendio aprieta la alfombra y las nubes rechazan la ofensa del humo manchando su cielo, del valle asaltado por la hoguera. Cáliz brotado y listo, la lluvia está en su punto. La sequía teme.

Primero fue la pincelada gris y luego el aguacero. Un olor a carbón mojado borró la candela. El colibrí voló hasta el nimbo y cayó vestido de gotas. Después de tantos calores la sequía falleció. El suelo árido vuelve a cantar y pronto la ausencia conocerá la derrota. La lluvia llena los vacíos. Ya vuelve el río a su antiguo lecho.
            Hay treinta y siete pétalos en la pared y ciento ochenta y tres capullos de orquídeas por explotar. El valle despierta.

domingo, 24 de abril de 2016

BODEGA DESNUDA DE FLORES

En vano me demoro deletreando el mundo; las letras se me vuelven quirópteros de arena y vuelan sobre techos de oropel, plástico, excremento. ¿Cómo entender este mundo sí la hermenéutica y la simbología se me atascan entre los dedos y no puedo soltar un par de tuercas verbales?
            En vano pierdo el tiempo; las manecillas del reloj, antiguo y de cuerdas, aprietan el hocico de mi estómago y mi digestión es asesinada por el asco. Un pescuezo y dos yucas fritas, un vomitar sin libertad. La casa del aceite y una corvina nadando, y todo porque un bobo decidió que aún no había llegado el tiempo. ¿Quién lo autorizó?
            En vano intento entender una ocurrencia de moda, justicia en tonterías. Tan frondoso fue su detalle; ahora montón de falanges desnutridas alzándose a quien sabe qué cielo; buscan esporas y caspas entre estrellas y cenizas, algún deseo negado, una bendición oculta.
            En vano me demoro; esta cosa no tiene descosificación, este café sin cafeína que bebo en la mañana después de la letra M, este infinito que quisiera se me convirtiera en lienzo y no en los bichos alados que se alejan de mis labios. ¿Por qué me hunden en el fango donde el sol no rasga la punta de mi nariz? ¿Por qué no me ayudan a extraviar mis cabellos manchados de leche? ¿Por qué no ahuyentan de mis costados esas tijeras del silencio?
            Muchos por qué y ninguna respuesta. Abundante náusea y escasos piropos. Una tele mentirosa y un espejo demasiado franco; tanta tensión me fastidia y nada me alivia el asco.       
            Ni la venduta de carne zaherida ni la célebre larva de satín arcilloso ni la moneda duchada con polvo de huesos. ¡Nada! Ni la fuente de supuraciones ni el cielo rosado ni sus élitros de tul envejecido. ¡Nada! Le tengo terror a una próstata inflamada y a las fauces de la tonta mariposa que con el roce de sus dientes me recuerdan mi blanqueado y cardiaco sepulcro.       

            Me siento como el arbusto de cangrejos nacido el día que el sol se ocultó al mediodía. Un almuerzo en sociedad, otra rifa desubicada: Señorita no quisiera avergonzarla, pero podría ayudarme con todos estos tenedores. ¡Cubiertos repugnantes! ¿Y qué me importa la urbana y cortés etiqueta de los enlatados con corbata?

El mundo no tiene gramática posible y a veces me parece que academia se escribe con zeta de soberbia. ¡Torpe pretensión! La mantis vuela y se posa sobre mi pecho. Y en medio de tanto marasmo el asco crece. ¿Vida y muerte se escriben con k de cómplice?
            ¡No es posible escribir sin faltas ortográficas la palabra mundo! Sin embargo hay vocablos más sencillos; por ejemplo, cantina. La bodega desnuda de flores y vestida de ausencias. La taberna de cerveza caliente y donde siempre falta un real de trapo: Me ahogo sobre la mesa. La decrépita cantina de paredes de madera vieja y clientes ancianos; un letrero de letras rojas prohíbe hablar con vulgaridades, a las once cierra. ¡Apúrate! Bebe rápido y ligero.
            Allí los quirópteros de arena se bañan en la espuma y ya no importa el abecedario que encierra la palabra mundo. Las tuercas se aflojan solas y la semiótica se fue de viaje. El reloj libera el hocico de mi estómago y las falanges engordan mientras agradecen. El pantano se llena de los mangos y su miel. Es un engaño, el asco sólo duerme, pero no me importa. La carne es débil, la sed es fuerte. La cantina es mi guarida cuando la filología se me complica. Pero siempre hay un pero. Borrachos petulantes y sabiondos llevan el problema lingüístico a la cantina. Me arruinaron el escape. Abandono el mundo, me marcho a otra cantina.