Me muevo al margen...

Aquí, en el margen, en el margen del canon, no hay reglas que cumplir, ni jueces que complacer, ni halagos que buscar, ni aplausos que dar con el hígado irritado...aquí, en el margen, en el margen del canon, sólo puedo hacer lo que me da la gana...

domingo, 12 de abril de 2015

CARTA AL DIRECTOR

                                                                             

            Ciudad de Panamá, 9 de septiembre de 1996


Prof. Marcos José Aizpurú
DIRECTOR DEL INSTITUTO LEÓN A. SOTO
(E.             S.              D.)


Estimado profesor:
            Sirvan estas líneas para desearle éxitos en su labor administrativa. Por este medio, deseo informarle de cierto irritante suceso acaecido durante la feria de aniversario del plantel. Tal hecho motiva mi solicitud de traslado a otro departamento diferente al de Bellas Artes. De ser necesario, puedo trabajar en el departamento de Artes Industriales, pues tengo los créditos suficientes.
            Usted recuerda muy bien mi alegría al firmar contrato para laborar como profesora de artes plásticas en el Instituto Soto, también conoce mi entusiasmo con el cual he acometido la docencia en sus diversas actividades, y sobre todo, sabe de mi interés por el buen funcionamiento de la institución. Pero hay cosas que sobrepasan cualquier límite imaginable de tolerancia.
            Durante la semana previa al festejo, estuvimos pintando con estudiantes del IV nivel un mural alusivo a la vida y muerte del poeta que da nombre a nuestro plantel. Para ello discutimos sobre el nacionalismo de los istmeños de comienzos de siglo, la represión llevada a cabo por las autoridades colombianas y la detención que sufrió el bardo istmeño. Más que detención, martirio, pues a pesar de haber sido liberado, los golpes recibidos durante el arresto le provocaron la muerte.
            Decidimos hacer un cuadro surrealista, donde se apreciaba al joven León abatido por los golpes de uno de sus captores y alrededor de ellos, pequeños detalles de las luchas nacionalistas. Dada la aparente lejanía en el tiempo, entre aquellos hechos históricos y la cotidianidad de nuestros estudiantes, intentamos relacionarlos con el presente; al poeta lo vestimos de uniforme escolar y al captor del poeta con la misma vestimenta policíaca de quienes reprimieron la manifestación estudiantil del mes pasado. ¿Recuerda que usted esa vez habló de brutalidad y exceso de fuerza? Los muchachos que participaron del proyecto no pudieron quedar más sintonizados con los sentimientos que motivaron al poeta; sólo ese detalle convierte en logro el mural mencionado.
            Antes de dar algún brochazo hablé con el profesor Narciso Quiel, coordinador del departamento, exponiéndole el proyecto y sus justificaciones; él al principio no estuvo de acuerdo con el detalle de los uniformes, pero al final accedió y dio su aprobación. Parece ser que en privado, nunca aceptó la idea.
            Las sesiones de pintura se realizaron tal como fueron planeadas; no debe olvidar que los planes son para ponerse de acuerdo y los acuerdos se respetan.
            El lunes en la presentación para sorpresa mía, el profesor Narciso Quiel cambió los uniformes de policía por trajes de la época, lo cual no fue lo que pintamos mis alumnos y mi persona. En el fin de semana se puso de acuerdo con sus alumnos y secretamente hizo el cambio, sin tomarme en cuenta.
            A esta altura lo más probable es que usted se esté preguntando ¿Y que más da un uniforme que otro? ¿Acaso se acabó el mundo por el bendito cambio ese? Permítame mencionarle dos o tres cositas. La primera, el tal cambio fue un acto de vulgar censura y ningún intelectual que se precie de tener algo de dignidad puede admitirla. La segunda, a pesar de no vivir del arte me considero una profesional pues cuando estoy en el proceso creativo lo hago en serio y después de invertir tiempo y energía en un trabajo, lo único que espero es respeto. La tercera y última cosita, tras que vivimos en un ambiente extremadamente árido para esto de las artes, no estoy dispuesta a soportar intrigas del tamaño que sean pues quien lo hace en pequeño, sabe como hacerlo en grande.
            Es posible que mi apariencia sea la de una mujer menudita, pero defiendo a capa y espada mis principios y cada uno de ellos es innegociable. Prefiero comenzar a cazar mosquitos que aceptar la censura y el irrespeto.
            ¿Estoy exagerando?
            Es lo más probable, mejor ser una exagerada que un muerto que camina por los pasillos con una tiza en la mano y en la mente la pregunta: ¿Cuándo me llegará la jubilación?
            Por todo lo anteriormente dicho, solicito me cambie a otro departamento, donde lo más probable es que tampoco se me tome en serio, pero por lo menos no tocarán cosas tan importantes para mí.
SUYA

MARIANA ITURRALDE
 EX-MIEMBRA DE LA COMISIÓN DE BELLAS ARTES

domingo, 29 de marzo de 2015

LA REBELIÓN DE LOS NIÑOS

Todavía no puedo creerlo. Está bien que este niño de cerámica sea tan grande como un bebé, incluso, la pintura que lo cubre se parece mucho al color de la piel, pero aún así no lo creo; debí imaginarme todo.
            ¡Hey! Ahora que me fijo ¿quién habrá puesto el abanico apuntando hacia San Martín? ¿Acaso las imágenes sudan? La gente pasando calor y miren lo que hacen los diablillos.
            Definitivo... ¡Qué misa más horrible!
            Tanto adornar la iglesia, tanto preocuparse por colocar al lado del altar un impresionante nacimiento de imágenes tamaño natural; tantos preparativos y los chiquillos se portan así de mal.
            El destino de cada una de mis palabras fue ahogarse en el mar de la algarabía. Vaya víspera de Navidad, estos chiquillos en ningún momento se comportaron a la altura que merece el rito eucarístico.
            Primero fueron las risitas; ji ji por aquí, ja ja por allá, ¡jo jo, ju ju, que gracia me da!
            Luego en los cantos, nada de melodía, ni armonía, ni siquiera algo de ritmo; puros gritos. Ni que la iglesia fuera Salsipuedes, con todo y sus buhoneros.
            Estoy predicando y ellos diciéndose chistes. ¡Si yo los vi, no fue que me lo contaron! Ni porque les lancé una mirada dura, ni porque les tiré un par de indirectas dejaron de hablar. Bla, bla, bla, laca, laca, laca. ¡Qué insolentes!
            Al recoger las ofrendas, comenzaron a tirar las monedas a la canastita que sirve para ello, como si fueran pelotas de baloncesto.
            Regaño desde el púlpito a los padres y nada, el desorden continuó. Hasta se atrevieron a mirarme como si yo fuera Herodes. Hay que saber interpretar bien eso de "dejen que los niños vengan a mí", la disciplina es necesaria y más en actos tan solemnes como la Navidad.
            El colmo fue en el saludo de la paz. No bien había dicho "démonos fraternalmente el saludo de la paz", cuando saltó la chiquillería y formó el gran alboroto. ¡Qué bullaranga!

            ¿Dónde quedó el respeto a la solemnidad? ¿Y el respeto a mi persona? Les extiendo la mano para saludarlos y los muy diablos se me abalanzaron y casi me tumban en pleno altar. Si no es porque una niñita de trajecito celeste capturó mi total atención, los agarro a porrazos. Cuando la vi, a ella, la niña del traje celeste, al principio me asusté y luego me asombré; ella corrió hasta el niño del pesebre y lo besó. No sé si ya estoy enloqueciendo pero me pareció que éste, el niño de cerámica, también comenzó a reír.

domingo, 22 de marzo de 2015

A LA FELICIDAD LE GUSTA PERTURBARME

A veces la felicidad arroja guijarritos contra el tragaluz de mi recámara. Eso me preocupa. Mucho. Es que escucho con recelo los ayes del cristal asaltado.
            Desde el césped y con cada gimoteo vidrioso, ella, la felicidad, rompe mis costumbres. No entiendo sus deseos, pero esperaré la tarde en que con una piedra rompa el ventanal.
            Esperaré que la luz tibia de la tarde entre por la pequeña ventana rota y se resbale por las paredes, asperje la alfombra y me envuelva con un paño.
            Esperaré que afuera la brisa despeine los árboles y me invite a pasear. Me atreveré a franquear la puerta y los sueños se colarán en mi alcoba. Y ya no serán necesarios más vidrios rotos.
            Esperaré que la soledad no teja más espinas y que la música traspase el dolor. Será posible el regreso y llegará la mañana sin mareos y una sonrisa retozará en la habitación.
            Esperaré que el vértigo deje de ser, que la muerte entierre las uñas en su ombligo y que mi cama no admita un insomnio más.
Esperaré que por la ventana rota la felicidad entre a mi recámara. De allí no saldrá. Trenzará mallas y las tirará al mar de mi tristeza y me atrapará. Sé que lo hará. Espero ansioso la tarde en que la felicidad con un guijarro rompa los cristales.

A veces la felicidad

domingo, 8 de marzo de 2015

¿PUEDE EL AVE?

¿Puede el ave trinar recién inicia la alborada celeste? ¿Correr de la mano con la inocencia tímida y atrevida? Puede que sí, ave repleta de ternuras, la rosa en índigo, la cautela de las infantes, el arco iris está en triunfo.
Por lo menos, a veces el tordo de marfil reluciente, interpreta la canción de cuna, interludio con todas las armonías y todos los cristales.
Paciente el arpa resuena y tres mil asteroides recorren la bóveda, inapelable ruta, camino y sinfonía, iridiscente y almibarado encuentro.
            Piñal de soles y astrolabios, la tersura musical raptó la bella ave y lo íntimo abrazó el caudal de besos, intrépido alud en reposo.
¿Puede el ave ser el torrente de notas o es el río de los silencios?, La inocencia espera y una celda abierta, la inspiración liberada, asciende con el viento azabache.
Pañuelo aireado al tiempo, rojos sus tejidos, intensos los grabados, es la cruz del mar de espumas, la intuición en septiembre, un amanecer después de lluvias.
Pequeña ave de los amaneceres y terracota del cariño, ruego lanzado al ingenio. ¿Cuándo será inventada la convivencia del mediodía? ¿Ahora?
Pequeña y azabache, ave y trino, riqueza de donde se ven las aguas, ígneo anuncio y cielo esbelto, la infrutescencia dorada y su alteza real elevan el cetro.
Pequeña ave azabache y trino de las madrugadas, el reino es posible, indica el camino, intenso, alcanzable, telúrico. ¿Volver?

domingo, 1 de marzo de 2015

NUNCA SERÁS UN HÉROE

¿Cómo puedes olvidar que lo tuyo es recolectar goteras? ¿Qué tu única misión es aguardar que el temporal penetre la techumbre? ¿Que debes correr a la cocina por las ollas de aluminio, colocarlas en los sitios de costumbre y esperar la música de las gotas?
            ¡Nunca serás un héroe!
            A tu pajarito preñado de ilusiones se le acabó el tiempo, nunca parió. Tus barbas se tiñeron de nubes de marzo. Los días enterraron su arado en tu cara. Ya no juegas pelota tan rápido como antes. Ahora pagar una casa modelo cajita de fósforo es tu cadena perpetua.
            ¡Mejor entierras tus anhelos en el jardín!
            Ya no eres un muchacho y quieres ser un héroe. Y en esta ciudad donde los aguaceros ya no son bendiciones y el sol se vuelve flagelo y el polvo tatúa la piel y los cartones convertidos en bienes raíces cargan con la miseria de una metrópoli ahogada en olores. ¿Aquí? ¡Estás loco! Quieres ser un héroe y en esta ciudad de moscas. Aquí todos se escondieron, incluso los campeones. ¿Y tú pretendes ser un héroe?
                                        ¡Eres una raíz!       
            ¿No oíste decir que las raíces crecen de noche y se entierran en el fango y ahorcan los cuerpos podridos y rompen sus cráneos? ¿No oíste decir que viven revolcándose en sus bajezas? ¿No oíste decir que de día no se atreven a crecer, no ocurra un accidente y un rayo de luz se cuele en sus recámaras? ¿Y tú estás preparado para enredarte con un rayo de luz? ¿O te comiste el cuento de la blanca paloma? Olvidas un pequeño detalle: ¡Ella es una farisea!
            Cuando en la calle se escuchan pasos de niños, se acurruca en la orilla y espera las caricias y migajas de algún pequeño. Apenas marchan los infantes, a punta de picotazos y golpes de patas y golpes de alas, despoja de migas a sus hermanas. Luego, muy ufana, hincha su pecho y aguarda a la próxima criatura. ¿Y te atreves a pensar que la blanca paloma es una heroína?
            No, no lo es. ¡Y tú nunca serás un héroe!
            Vuelve a tus ollas de aluminio. Si no te gusta el sonido de las gotas chocando contra el metal, compra platones de plástico. Si no te gusta despertar a mitad de la madrugada, ubica las ollas antes de irte a dormir. Si algo no te gusta, acostúmbrate a ello. ¿O es que tú crees que la vida se trata de algo diferente? Olvídate del heroísmo y ten listas las ollas para recoger el agua del próximo aguacero. Acepta el destino y lo que te tocó ser en este planeta. Recuerda que tú sólo eres una raíz con evocaciones de paloma blanca. Tú eres un recolector de gotas de lluvia filtradas en la casa.

            ¡Así que ni se te ocurra subir al techo a tapar las goteras!

domingo, 8 de febrero de 2015

WIDELINO ESTÁ EQUIVOCADO

Cuando un artista pinta ranchitos lo hace con mucho cuidado, tal como si fuera a vivir en ellos; por lo menos así es el caso de Widelino. Él siempre toma muy en serio su terapia ocupacional.
            Widelino, según palabras de su padre, es un caso de cables cruzados. Realmente no está loco, sino que es diferente. Mucho. Tan distinto que es más cómodo clasificarlo como orate que enredarse en mucho análisis, hipótesis y pensamiento. Es que ese tejido que nos une y convierte en cuerdos, esa matriz que nos sostiene y da la fuerza moral para defender las tradiciones no pueden admitir a gente como Widelino.
            Realmente no está loco. Pero sus teorías extrañas son muy extrañas; sobre todo esa de los viajes. ¿Acaso es posible viajar a otras dimensiones con tan sólo crear esas otras dimensiones? Estamos acostumbrados a vivir de acuerdo a las reglas y una muy importante es que la creación pertenece a los dioses, no a los mortales. ¿Qué sería de nosotros si pudiésemos crear a la par de los dioses? Definitivo, Widelino está equivocado. ¡Nadie puede pintarrajear y crear un nuevo mundo!
            Lo que no me agrada de todo esto es pensar dónde se encuentra y qué hace cuando desaparece después de pintar un cuadro de ranchitos. Días enteros. Sin que nadie sepa de él. Lo que más me desagrada es que durante esos días, en sus cuadros de ranchitos, un hombrecito parece trabajar la tierra y hacerla parir cosechas.

domingo, 21 de diciembre de 2014

NICASIO CAMINA RUMBO A LA IGLESIA

Media mañana dominical. Nicasio camina rumbo a la iglesia. Busca sentir esa atmósfera que tienen los edificios viejos y pequeños. Camina mirando el suelo y cuidándose de no pisar algún adorno matutino, abandonado por algún perro callejero. Él es un jubilado que juega dominó en la acera, los días que la lluvia y la policía lo permiten. Pero ir al templo no es un pasatiempo, más bien, es un resumen.
Al llegar, por breves segundos contempla la fachada; luego atraviesa el atrio y se quita el sombrero de fieltro ya no tan negro; con una rodilla en el piso, se persigna como sólo él sabe hacerlo; por último, se levanta y busca asiento en la última banca. Es temprano y la misa no ha empezado. Cerca del altar se oye el ensayo de un coro y las voces de unas doñas que conversan mientras acomodan flores; a un costado, unos pasos de tacón grueso se dejan escuchar. Ese clima interior del templo le gusta, le parece que es como estar sumergido en un lago donde nadan los sonidos bañados por el sigilo.
Cuando la mayoría de las bancas están ocupadas, la misa da inicio. Es muy bonita. El evangelio leído es el de la Resurrección de Lázaro y en la homilía se comenta sobre el bingo del próximo sábado. No faltó el gran anuncio de todos los domingos: pronto habrá un templo inmenso y nuevo que reemplazará al viejo y pequeño. La misa continúa.
Al momento de la señal de la paz, los parroquianos con brazos abiertos buscan saludar y estrechar las manos de conocidos y desconocidos. Nicasio es el blanco principal y en esos momentos es cuando desea que a misa viniera otro viejo mal vestido; así se repartirían tanto saludo. Él responde con la mano alargada cual palanca de maquinita de casino.
            Después de la bendición final sale por donde entró y observa a los asistentes abordar rápido sus autos. A su lado mirando el suelo pasa la muchacha que lo besó en ambas mejillas. También pasa el cura gritando indicaciones, algo sobre unos cartones de bingo.  Pronto queda solo, ve una vez más la fachada del templo y le dice:

            “Cuando te derrumben, no sé a que viejo le van a estrechar la mano en la misa, porque lo que soy yo, a ese nuevo edificio, no voy...”.